28 de abril de 2014
Back on track
19 de abril de 2014
Descanso en Mérida
Fer me recibió en el pequeño cuarto que renta, me ha llevado a conocer a sus amigos, algunas cantinas y un poco de Mérida. Similar al DF en lo inabarcable, en lo centralizada y expandible, en lo cochina y pintoresca. Me abruma. Esta ciudad es demasiado grande para mí, mucho que ofrecer disfrazado de nada, o al revés. Con el perdón de los dioses, le perdí ya el interés. Hemos pasado el tiempo viendo películas, descansando, yendo a la tienda por víveres, platicando sobre todo. Me recuerda al estilo de vida que siempre he tenido y ahora que vuelvo a pensar en moverme, me siento oxidado. Apenas unas semanas de descanso para no perder la costumbre, pues.
Acá estamos, mientras escribo esto ella teclea algunas cosas más y los murciélagos vuelan afuera, se escuchan sus troniditos, el ventilador dando vueltas mientras las aspas giran. Quiero ya colgar la hamaca y dormir dormir dormir.
8 de abril de 2014
Consejo no. 3
Termina diciendo que a los ancianos no se les debería de meter en el DIF, que quienes lo hacen con sus parientes es por sinvergüenzas y que mejor sería meterles un plomazo (al anciano). Que él lo agradecería más, dice. Los campesinos tenemos mucha energía y queremos trabajar. Y que nos escuchen, hay muchas cosas que los ancianos sabemos y que las generaciones más jóvenes deberían de ser capaces de aprender, pero no se interesan.
Lo de siempre. Pero el tip ahí está.
5 de abril de 2014
De pedires a pedires
4 de abril de 2014
Workawayeando
Mi primer trabajo de voluntario lo hice en Tumbem Kuxtal, una pequeña granja cerca de Puerto Morelos, un kilómetro adentro de la selva.
22 de marzo de 2014
...y desde Belice
Bacalar fue un gran lugar, lo recordaré por mucho tiempo como el primer sitio con el que me sentí identificado y del que aprendí cosas. El dueño del hostal en el que me quedé, Edmundo, fue muy amable y pasamos un buen rato platicando de la historia del lugar (él más que yo, debido a que él ha vivido ahí desde siempre, lo conoce, es apasionado de la historia y, bueno, yo era el visitante). Fui muy atento y la laguna de los siete colores, aunque increíblemente rica para descansar, no fue -por mucho- lo que más me gustó. Cuatro días ahí fueron apenas suficientes para conocerlo. Además de cocinar arroz y frijoles por primera vez, yo solo, la otra razón por la que lo recordaré de siempre es porque ahí empecé a perder el miedo a pedir rides (algo nuevo para mí). Llegué de ride, visité unos pueblos cercanos yendo en ride y lo consideré ya parte de algo que haré por mucho tiempo.
Belice fue, por otro lado, una gran sorpresa. No solo había pensado que no iría sino que además es el lugar que mejor me ha recibido. Hablaré más a detalle en otro post, pero puedo decir con total seguridad que no quería irme de ahí. La gente es la más cálida que he conocido y hablé hasta con los vagabundos, que tenían cosas que decir. Llegué sin haber investigado casi nada de Belice, lo cual fue una ventaja (pues pude vivir la vida beliceña de boca de sus habitantes) y una descortesía aventurosa. Apenas cinco días bastaron (y no, falta el resto del país).
Por alguna razón le agarré cariño a cierto momento cualquiera al momento de mi llegada: Edmundo (el primo de Kevin) (y sí, otro Edmundo) y yo, hablando de cualquier cosa mientras esperábamos a que llegara del trabajo Kevin, y un montón de cenizas cayendo del cielo. La caña de azúcar que se está quemando, me dijo Mundo. No olía nada mal.
11 de marzo de 2014
Hacia Bacalar
Algunas decisiones nacen del aburrimiento. Hace un par de días decidí que, como tengo que quedarme en Quintana Roo hasta abril (un tema del que luego platicaré [jiji]), debería de aprovechar e ir a alguna parte. A final de cuentas sólo he conocido la riviera maya y fue así como, buscando un poco, llegué a Bacalar.
Lo decidí en nada de tiempo, cuando me había resignado a quedarme sentado a esperar los días para irme de acá. Con una semana en manos se puede hacer mucho.
Salí hoy temprano y, por si fuera poco, pedí y conseguí mi primer ride en carretera: Tatiana, una chica que, según me dijo, no puede dormir en cualquier cama, de forma que conoce ya la mayoría de los hoteles en la riviera, y en qué camas sí puede dormir.
Así la cosa. A recorrer el pueblo.