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28 de abril de 2014

Back on track

Hoy salgo para Sisal para empezar el tour por el estado de Yucatán. Dale, a hacer que valga la pena.

19 de abril de 2014

Descanso en Mérida

Llegué a Mérida un domingo, después de pasar la mañana en un muestrario de comida maya y salir un poco apresurado para alcanzar aún de día llegar a la capital de Yucatán. Después de largas esperas conseguí un ride que me llevó de Carrillo Puerto hasta Peto, más o menos la mitad del camino. El ride: un hombre amable aunque malhumorado por un dolor de muelas. Ya era tarde para cuando conseguí el milagro del segundo ride (imaginaba que me quedaría a dormir en la carretera o pediría posada, pues, quiénsabe dónde): un señor que estaba a minutos de ser abuelo pero que había que tenido que salir desde Chetumal hasta Mérida para devolver un carro por cuestiones de trabajo; estaba muy contento porque sería abuelo y, para mi suerte, me vio muy agobiado y con mucha maleta así que se apiadó de mí, con todo y que no suele dar rides (me han tocado ya muchos que agarro contentos pero no están acostumbrados a levantar gente; será que así es la cosa, de suerte). Total, tras uno de los atardeceres más curiosos que nunca había visto cruzamos un puente elevado y, tras, ahí está Mérida. Grande ciudad, grande. Me abrumó.
Fer me recibió en el pequeño cuarto que renta, me ha llevado a conocer a sus amigos, algunas cantinas y un poco de Mérida. Similar al DF en lo inabarcable, en lo centralizada y expandible, en lo cochina y pintoresca. Me abruma. Esta ciudad es demasiado grande para mí, mucho que ofrecer disfrazado de nada, o al revés. Con el perdón de los dioses, le perdí ya el interés. Hemos pasado el tiempo viendo películas, descansando, yendo a la tienda por víveres, platicando sobre todo. Me recuerda al estilo de vida que siempre he tenido y ahora que vuelvo a pensar en moverme, me siento oxidado. Apenas unas semanas de descanso para no perder la costumbre, pues.
Acá estamos, mientras escribo esto ella teclea algunas cosas más y los murciélagos vuelan afuera, se escuchan sus troniditos, el ventilador dando vueltas mientras las aspas giran. Quiero ya colgar la hamaca y dormir dormir dormir.

8 de abril de 2014

Consejo no. 3

Estando en casa de Ana, preparándonos para la demostración de comida maya que daríamos a ciertos chefs e invitados, el suegro cuyo nombre no me aprendí se apareció con lo que parecían hojas de árbol secas. Explicó que hubo hace unos cien años una plaga de langosta que acabó con muchos de los recursos que usaban y que se vieron en la necesidad de aprender nuevos métodos, adaptarse a esa carencia y junto con ello, renovar sus herramientas.

El monte provee, 

dice, y explica que lo que trae no son hojas sino corteza del árbol de la amapola, que cortó y dejó secar. Entonces, ya sentado, toma una de las tiras de corteza seca, la divide en dos por la mitad, hace rollito uno de los lados, hace rollito el otro lado y, después, hace rollito las dos tiras, esta vez para atrás. El método es más facil de entender si se ve, sin embargo es eso. Continuó haciéndolo mientras platicaba y, al cabo de un ratito, tenía ya un pedazo de cuerda trenzada. Esto lo saqué de la milpa, cuenta, y explica que cuando no existía el plástico era así como se hacían las cuerdas. Es muy resistente y, de nuevo, para hacerla basta con un machete y un poco de corteza de un árbol.

De la corteza del árbol de la amapola se puede hacer cuerda.

Termina diciendo que a los ancianos no se les debería de meter en el DIF, que quienes lo hacen con sus parientes es por sinvergüenzas y que mejor sería meterles un plomazo (al anciano). Que él lo agradecería más, dice. Los campesinos tenemos mucha energía y queremos trabajar. Y que nos escuchen, hay muchas cosas que los ancianos sabemos y que las generaciones más jóvenes deberían de ser capaces de aprender, pero no se interesan.
Lo de siempre. Pero el tip ahí está.

5 de abril de 2014

De pedires a pedires

Me sucedió algo inevitable: se me acabó el dinero. Aunque no es preciso, sí es muy cierto que no traía más que treinta pesos en el bolsillo y para sacar del cajero habían unos treinta disponibles (cantidad que no pude tener porque los cajeros no suelen dan billetes de 20). Lo demás lo tenía en una cuenta de paypal, que para pasar a la del banco faltaría esperar unos seis días hábiles. Y el otro demás era dinero por pagarse pero que aún no era mío. Total: se me acabó el dinero pero eso no es lo peor: se me acabó el dinero en la noche, sin posibilidad de conseguir ride, a mitad del trayecto que debía que recorrer y no conocía a nadie en el lugar. La desdicha.

4 de abril de 2014

Workawayeando

Aunque la primera razón para venir a Quintana Roo fue la boda de Anghel y Mohammed, pronto tuve una para extender mi estadía aquí: workaway, una red en línea que permite buscar lugares para hacer voluntariado en distintas partes del mundo, a cambio de, generalmente, estancia y servicios básicos y comida y trabajo de unas cinco horas al día. A mi parecer, una muy buena opción para un mochilero (aunque no la única; otras incluyen WOOF, Aupair o Help exchange).
Mi primer trabajo de voluntario lo hice en Tumbem Kuxtal, una pequeña granja cerca de Puerto Morelos, un kilómetro adentro de la selva.

22 de marzo de 2014

...y desde Belice

Otra de las decisiones que imprudentemente tomé sin mucho pensar fue ir a Belice. Habiendo decidido ir a Bacalar quise aprovechar el tiempo disponible y conocer el norte de Belice, así que busqué hospedaje (Kevin de Couchsurfing me respondió realmente rapido y aceptándome como su huesped) y con eso fue suficiente: cuatro días después de haber llegado a Bacalar me iba, esta vez para Belice.
Bacalar fue un gran lugar, lo recordaré por mucho tiempo como el primer sitio con el que me sentí identificado y del que aprendí cosas. El dueño del hostal en el que me quedé, Edmundo, fue muy amable y pasamos un buen rato platicando de la historia del lugar (él más que yo, debido a que él ha vivido ahí desde siempre, lo conoce, es apasionado de la historia y, bueno, yo era el visitante). Fui muy atento y la laguna de los siete colores, aunque increíblemente rica para descansar, no fue -por mucho- lo que más me gustó. Cuatro días ahí fueron apenas suficientes para conocerlo. Además de cocinar arroz y frijoles por primera vez, yo solo, la otra razón por la que lo recordaré de siempre es porque ahí empecé a perder el miedo a pedir rides (algo nuevo para mí). Llegué de ride, visité unos pueblos cercanos yendo en ride y lo consideré ya parte de algo que haré por mucho tiempo.
Belice fue, por otro lado, una gran sorpresa. No solo había pensado que no iría sino que además es el lugar que mejor me ha recibido. Hablaré más a detalle en otro post, pero puedo decir con total seguridad que no quería irme de ahí. La gente es la más cálida que he conocido y hablé hasta con los vagabundos, que tenían cosas que decir. Llegué sin haber investigado casi nada de Belice, lo cual fue una ventaja (pues pude vivir la vida beliceña de boca de sus habitantes) y una descortesía aventurosa. Apenas cinco días bastaron (y no, falta el resto del país).
Por alguna razón le agarré cariño a cierto momento cualquiera al momento de mi llegada: Edmundo (el primo de Kevin) (y sí, otro Edmundo) y yo, hablando de cualquier cosa mientras esperábamos a que llegara del trabajo Kevin, y un montón de cenizas cayendo del cielo. La caña de azúcar que se está quemando, me dijo Mundo. No olía nada mal.

11 de marzo de 2014

Hacia Bacalar

Algunas decisiones nacen del aburrimiento. Hace un par de días decidí que, como tengo que quedarme en Quintana Roo hasta abril (un tema del que luego platicaré [jiji]), debería de aprovechar e ir a alguna parte. A final de cuentas sólo he conocido la riviera maya y fue así como, buscando un poco, llegué a Bacalar.
Lo decidí en nada de tiempo, cuando me había resignado a quedarme sentado a esperar los días para irme de acá. Con una semana en manos se puede hacer mucho.
Salí hoy temprano y, por si fuera poco, pedí y conseguí mi primer ride en carretera: Tatiana, una chica que, según me dijo, no puede dormir en cualquier cama, de forma que conoce ya la mayoría de los hoteles en la riviera, y en qué camas sí puede dormir.
Así la cosa. A recorrer el pueblo.