Quintana Roo es un como triángulo lleno hasta los huesos de selva y pantanos. La mayoría de los pocos poblados que tiene se han establecido en todo lo largo de la costa y en las islas como Cozumel, dando así origen a la Riviera Maya (la zona turística que va desde Cancún hasta Tulum). A estos lugares los atraviesa la carretera federal, dividiéndolos en dos y, con esto, la economía y distribución de la gente.
Quintana Roo recibe anualmente a un chorro de turistas de todas partes del mundo, desde los vacacionistas clásicos hasta los jipis (ya también clásicos), siendo el turismo la fuente más evidente de ingresos y generación de trabajos en esta zona, cosa que terminé por odiar: los trabajos que dependen del ingreso de turistas se vuelven inestables y alguien con un perfil global (un extranjero, por ejemplo) está más calificado para trabajar que un local. No solo me parece injusto sino que además crea una brecha denigrante en la manera de crecer de la ciudad: se atiende solo la fachada, sólo el lado que turistas visitarán y el pueblo vive en condiciones muy desfavorables.
(Advertencia: post largo y con fotos; puede tardar en cargar).